Nunca habíamos llegado tan lejos: captan el nacimiento de un sistema solar con telescopios de la NASA y la ESO

Un equipo científico ha captado por primera vez el momento exacto en que los minerales comienzan a solidificarse para formar planetas, revelando las primeras fases de un sistema solar muy similar al nuestro.
JWST, Telescopios ALMA y HOPS-315. Fuentes: Canva, Wikipedia y ESO

Aunque cada noche el cielo se nos presente como un espectáculo familiar, lo que ocurre allí arriba sigue siendo profundamente desconocido. No solemos pensar en cómo comenzó todo: no solo nuestro planeta, sino el sistema solar entero. ¿Cuándo y cómo empezaron a formarse los primeros granos de materia sólida que darían origen a mundos enteros como la Tierra, Marte o Júpiter? Esa pregunta, que parecía imposible de responder más allá de hipótesis indirectas, acaba de dar un giro inesperado gracias a una observación pionera.

Un equipo internacional de astrónomos ha sido capaz de presenciar el momento más temprano jamás observado en la formación de un sistema planetario, captando directamente los primeros minerales calientes que se están solidificando alrededor de una joven estrella. Este hallazgo, publicado en Nature, no solo marca un antes y un después en el estudio de los sistemas estelares jóvenes, sino que además ofrece un reflejo directo de lo que ocurrió en los inicios de nuestro propio sistema solar hace unos 4.600 millones de años.

El objeto estelar que lo cambia todo

El protagonista de este descubrimiento se llama HOPS-315, una estrella en formación situada a unos 1300 años luz de la Tierra, en la nube molecular de Orión B. Se trata de una estrella joven y aún en crecimiento, una clase conocida como protoestrella de tipo I, que se encuentra inmersa en una envoltura de gas y polvo. Justamente este entorno, aunque hostil para la observación, ha resultado ser ideal para registrar un fenómeno nunca antes visto.

Gracias a los datos combinados del telescopio espacial James Webb (JWST) y el radiotelescopio ALMA, el equipo de investigación detectó algo asombroso: gas caliente de monóxido de silicio (SiO) y minerales cristalinos que comienzan a solidificarse a menos de 2,2 unidades astronómicas de la estrella. En palabras textuales del artículo científico: “capturamos los bloques de construcción de un nuevo sistema planetario comenzando su ensamblaje”.

Lo observado no es una fase cualquiera. Es el instante cero: el momento en el que el gas caliente, rico en silicio, comienza a condensarse en minerales sólidos, un proceso necesario para que más tarde surjan los llamados planetesimales, las semillas de los futuros planetas. Este fenómeno había sido inferido a partir del estudio de meteoritos en nuestro sistema solar, pero nunca se había observado en tiempo real en otro lugar del universo.

Estructura interna del disco de HOPS-315, donde se observa la condensación vertical de minerales tras la sublimación del polvo. Fuente: Nature

Un “termostato” planetario en acción

Para entender por qué este hallazgo es tan crucial, es importante saber que la formación planetaria depende de un delicado equilibrio de temperatura. El disco de material que rodea a la estrella actúa como un horno en el que solo bajo ciertas condiciones se pueden formar minerales sólidos a partir del gas. En el caso de HOPS-315, se detectó una región en ese disco donde la temperatura es suficientemente alta como para vaporizar los granos de polvo interestelar, pero también permite su posterior recondensación en cristales nuevos. Esta zona recibe el nombre de región termostato.

Según explica el paper: “la evidencia clara de la recondensación de silicatos vaporizados en una región termostato del disco favorece el papel de esta región en la formación de inclusiones ricas en calcio y aluminio”. Estas inclusiones, también conocidas como CAIs por sus siglas en inglés, son algunos de los componentes sólidos más antiguos encontrados en meteoritos del sistema solar. Su presencia en HOPS-315 sugiere que allí podría estar repitiéndose un proceso similar al que dio origen a nuestros propios planetas.

Los investigadores también señalan que la proporción de ciertos minerales detectados, como enstatita y forsterita, no solo coincide con las condiciones esperadas de condensación, sino que también implica que parte del material podría estar empezando a agruparse en estructuras más complejas, los primeros pasos hacia los planetesimales.

Mapas y espectros de ALMA que revelan el chorro molecular de HOPS-315 y la ausencia de SiO en el disco interno. Fuente: Nature

Un sistema solar en miniatura

La distancia en la que se ha detectado esta condensación —unos 2,2 AU, similar a la ubicación del cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter en nuestro sistema solar— ha llamado especialmente la atención. No es solo una coincidencia espacial: los mismos minerales que se han observado allí son los que componen buena parte de los meteoritos más antiguos que se conocen en la Tierra.

“Estamos viendo estos minerales en la misma ubicación en este sistema extrasolar donde los vemos en asteroides en el Sistema Solar”, comenta el investigador Logan Francis en una de las entrevistas divulgativas sobre el estudio. Este paralelismo añade fuerza a la hipótesis de que los mecanismos físicos y químicos que dan lugar a la formación planetaria pueden ser comunes en distintas partes de la galaxia.

Por ahora, no se han detectado planetas como tales en el sistema de HOPS-315. Pero eso es precisamente lo extraordinario: no estamos viendo planetas formados, sino el momento anterior, el paso previo a que existan núcleos, órbitas o incluso estructuras reconocibles. Lo que se ha captado es el inicio mismo del proceso planetario, y eso es algo sin precedentes.

Una sinfonía de datos en dos telescopios

Captar este fenómeno ha requerido una precisión técnica impresionante. El equipo usó los instrumentos espectroscópicos del James Webb (NIRSpec y MIRI) para identificar las bandas de absorción del gas de SiO y los minerales silicatados en formación. Luego, para ubicar espacialmente esos compuestos, recurrieron a la alta resolución de ALMA, que permitió mapear el disco y detectar la presencia de estos materiales en un área muy localizada.

La presencia simultánea de SiO en estado gaseoso y de minerales sólidos indica que el gas caliente está empezando a enfriarse y a formar cristales, una transición crítica para que más adelante puedan agregarse materiales y nacer cuerpos planetarios. Tal como lo resume el artículo: “Nuestros resultados indican que el entorno en la región interna del disco está influenciado por la sublimación de sólidos interestelares y su posterior recondensación como sólidos refractarios”.

Además, los autores afirman que el SiO detectado no forma parte del chorro de gas que emerge de la estrella, sino que procede de la propia atmósfera del disco, una evidencia más de que el proceso de condensación se está dando en la región donde se forman los planetas.

¿Estamos viendo cómo se forma otro mundo como el nuestro?

HOPS-315 aún es joven. Tiene solo unos 135.000 años, una fracción minúscula en escalas astronómicas. Sin embargo, en ese breve tiempo ha comenzado a desarrollar las condiciones iniciales necesarias para que se formen planetas rocosos, como la Tierra, o gigantes gaseosos como Júpiter.

Este descubrimiento no solo abre nuevas vías para estudiar la formación planetaria en acción, sino que representa una oportunidad única de comparar directamente otros sistemas con el nuestro. Como señala el estudio, “HOPS-315 representa una oportunidad única para estudiar las condiciones físicas y químicas durante las primeras etapas de la formación planetaria, anteriormente accesibles solo a través del registro meteórico del sistema solar”.

La observación de este sistema en un momento tan temprano de su evolución no solo es un logro técnico, sino una ventana al pasado. Una que nos muestra, con una claridad inédita, cómo quizás se formó nuestro propio rincón del universo. Y con los instrumentos actuales —y los que vendrán—, la posibilidad de ver más nacimientos de sistemas solares está más cerca que nunca.

Referencias

  • McClure, M. K., van ’t Hoff, M., Francis, L., Bergin, E., Rocha, W. R. M., Sturm, J. A., Harsono, D., van Dishoeck, E. F., Black, J. H., Noble, J. A., Qasim, D., Dartois, E. Refractory solid condensation detected in an embedded protoplanetary disk, Nature, 16 de julio de 2025. DOI: https://doi.org/10.1038/s41586-025-09163-z.

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