¿Desde cuándo conocemos la destilación?

El proceso de separar líquidos, que hoy es fundamental para la química, ya se conocía en diversos lugares del mundo hace veintitrés siglos.
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Si queremos separar dos sustancias líquidas que previamente hemos mezclado, debemos aprender a destilar. Los seres humanos aprendimos a hacerlo bien pronto: en tablillas acadias fechadas en torno a 1200 a. C. podemos encontrar descripciones de procesos de perfumería, lo que demuestra que ya en la antigua Mesopotamia conocían una forma presumiblemente rudimentaria de destilación.

No hay duda de que, con el paso del tiempo, el proceso se fue perfeccionando, y hacia el año 200 ya se conocía el agua destilada: el más célebre de los comentaristas griegos de las obras de Aristóteles, Alejandro de Afrodisias, también conocido como el Exégeta, describió cómo hacerlo en uno de sus libros. Por aquella época tenemos pruebas de que se conocía la destilación en lugares tan alejados entre sí como Egipto, la India y China.

Pero los que llevaron este proceso a otro nivel fueron los alquimistas musulmanes, de quienes hemos tomado el nombre del aparato que se emplea en la destilación, el alambique, aunque no fueron ellos quienes lo inventaron. Se conservan esquemas de destiladores en los trabajos de dos alquimistas griegos: Cleopatra la Alquimista –de la que solo conocemos su seudónimo y que vivió entre los siglos III y IV– y su compatriota y coetáneo Zósimo de Panápolis, que escribió uno de los libros más antiguos sobre alquimia de los que te- nemos noticia. Zósimo atribuye la invención del alambique a la primera verdadera alquimista, María la Judía. De ella solo sabemos que vivió en Alejandría en torno al siglo I y conservamos algunos fragmentos de sus libros porque los citan autores posteriores. Sobre todo aparecen en El diálogo de María y Aros sobre el magisterio de Hermes, un extracto de sus obras realizado por un autor cristiano desconocido.

A mediados del siglo IX la alquimia árabe comenzó a destacar, y de entre todos sus practicantes brilla con luz propia Ŷabir ibn Hayyan, al que se le considera como el fundador de la química. Prolífico escritor, se le atribuyen cerca de tres mil artículos y libros, y su trabajo demuestra el valor que daba a la experimentación: “Lo primero y esencial en química es que debes realizar un trabajo práctico y hacer experimentos, ya que el que no lleva a cabo trabajos prácticos ni experimentos nunca alcanzará el menor dominio”. A Ibn Hayyan –cuyo nombre se latinizó como Geber– también se le atribuye el uso de más de veinte tipos de equipos que hoy son básicos en cualquier laboratorio de química, como el alambique y la retorta empleados en la destilación, al igual que la descripción de muchos procesos químicos ahora comunes, caso de la cristalización

Este artículo fue originalmente publicado en una edición impresa de Muy Interesante.

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