El gusto por la buena mesa: los orígenes

Antes de Zyriab, reinaba el desorden en las comidas. El poeta Ekurdo introdujo las buenas maneras culinarias y la gastronomía.
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El joven kurdo Ziryab ha pasado a la historia por varios aspectos originales, uno el ser el inventor de los salones de belleza. Introdujo en Europa en el siglo IX el arte de la buena vida, que empezaba por la mesa. Esta debía cubrirse con manteles de cuero muy fino y exquisitamente trabajado; los de lino resultaban ser muy bastos, según el kurdo. Debían cambiarse las copas y los vasos de plata o de oro por la delicadas y elegantes copas de cristal, pues permitían apreciar los diferentes colores de su contenido. A la vista de la escasez del menaje que recomendaba, Ziryab impulsó la construcción de una fábrica de vidrio en Córdoba, que disfrutó de gran fama durante años.

En cuanto a la presentación de los alimentos, la revolución fue total. La comida no debía amontonarse en un único plato y sin orden ni concierto, como era habitual en su época. Ziryab estableció nuestro actual orden al comer: primero se empezaba por las sopas; luego le seguían los platos de carnes, aves o pescados: y se terminaba con los dulces: pasteles con miel, frutos secos, como nueces y almendras, y dulces rellenos de avellanas o pistachos o frutas aromatizadas. De remate, una copita de licor.

Ziryab trajo a Al-Ándalus, y de ahí a Europa, recetas que había aprendido en sus viajes, además de un buen número de preparaciones propias. Entre ellas estaba el ziriabí, un asado de habas saladas que todavía se prepara en Córdoba, e introdujo nuevos alimentos, como los espárragos, que hasta entonces eran considerados como un vegetal incomestible.

Pero Ziryab también fue un gran músico cuya fama le precedía. Cuando llegó a Córdoba, Abderramán II, antes siquiera de haberle oído cantar, le ofreció un palacio y un salario de 200 dinares de oro. Ziryab abrió una escuela de música en el que debemos considerar que fue el primer con- servatorio de Europa, que por otra parte estaba abierto a todo el mundo independientemente de su extracción social. Allí se perfeccionaron técnicas poéticas, como la moaxaja, y musicales, como el zéjel, que solía tocarse con laúd, flautas, tambor y adufes o castañuelas. Ziryab creó cerca de mil poemas melódicos que acabaron sonando en Andalucía y por toda la cuenca mediterránea.

Buena mesa. - Chaloner Woods

Fue él quien hizo popular en la corte el nubah, base de la tradición musical andaluza que significa ‘esperar su turno’. Ziryab introdujo en los coros de nubah a “los cantantes que no han cambiado”, los famosos castrati. En los siglos venideros sus voces enamorarían hasta tal punto a los melómanos que en 1589 el papa Sixto V redactó la bula Cum pro nostri temporali munere, para poder incluir a algunos cantantes castrados en el coro de la basílica de San Pedro, en Roma.

Este artículo fue originalmente publicado en una edición impresa de Muy Interesante.

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