El sorprendente nacimiento del Osborne 1, el primer ordenador portátil del mundo que revolucionó la portabilidad informática

La creación del Osborne 1 supuso un hito en la historia de los ordenadores portátiles que cambió nuestra forma de trabajar y comunicarnos.
Osborne 1
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto. Imagen del Osborne 1. Fuente Bilby Wikimedia - Ordenador portátil

Aunque es una invención reciente, sobre todo si comparada con la rueda, la escritura o la metalurgia, hoy no podríamos vivir sin él. El ordenador portátil ha revolucionado nuestra manera de trabajar, de disfrutar del ocio y de comunicarnos, pero, como todos los productos nacidos de la creatividad humana, también tiene una historia propia. En abril de 1981 se presentó en la West Coast Computer Faire de San Francisco un aparato que parecía más cercano a un equipo militar que a un dispositivo doméstico. Se trataba del Osborne 1, hoy considerado el primer ordenador portátil comercialmente exitoso de la historia. Aunque su apariencia tosca y su peso de 11 kilogramos hacían casi imposible que se pudiese considerar “ligero”, el solo hecho de poder cerrarlo, llevarlo en un maletín con asa y conectarlo a cualquier enchufe lo convirtió en un hito tecnológico. Con este modelo, por primera vez la informática se hizo transportable.

La visión de Adam Osborne

El origen del proyecto está ligado a la figura de Adam Osborne, un ingeniero y escritor británico que emigró a Estados Unidos y se dedicó a publicar manuales de informática a finales de los años setenta. Su contacto directo con el naciente mercado de los microordenadores le permitió identificar una oportunidad clara: la necesidad de crear un equipo completo, compacto y a un precio accesible, que pudiera llevarse a cualquier parte.

Osborne fundó, así, la Osborne Computer Corporation (OCC) en 1980. Al año siguiente, junto con el ingeniero Lee Felsenstein, dio forma al dispositivo que pasaría a la historia. Osborne era consciente de que el hardware, por sí solo, no bastaba. Por eso diseñó una estrategia novedosa: vender el ordenador acompañado de un paquete de software de gran valor incluido en el precio. Esa combinación, tan habitual en el mercado de la tecnología actual, fue su mayor innovación empresarial.

Osborne 1
Osborne 1. Fuente: Bilby/Wikimedia

Diseño del Osborne 1: entre maleta y ordenador

El Osborne 1 tenía un diseño inconfundible. El teclado servía como tapa frontal que se encajaba con cierres a presión. En el centro se encontraba una pantalla CRT monocroma de apenas cinco pulgadas, más pequeña que la de muchos televisores portátiles de la época. A los lados, se situaban dos unidades de disco para disquetes de 5 ¼ pulgadas, capaces de leer y grabar.

El chasis estaba construido en plástico ABS robusto, capaz de soportar traslados habituales. Aunque el conjunto pesaba lo mismo que una maleta de dimensiones medianas, la publicidad lo presentaba como un ordenador que cabía bajo el asiento de un avión, algo hasta entonces impensable.

El sistema, además, incluía conectores para impresoras, puertos de comunicación y la posibilidad de conectar un monitor externo. Así, aunque la pantalla integrada en el Osborne 1 solo mostraba 52 caracteres por línea, era posible trabajar con las habituales 80 columnas si se empleaba una pantalla mayor.

Ordenador portátil
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Hardware y software integrados

En su interior, el Osborne 1 incorporaba un procesador Zilog Z80A a 4 MHz y 64 KB de memoria RAM, cifras modestas comparadas con los ordenadores de sobremesa de gama alta de la época, pero suficientes para ejecutar programas de oficina bajo el sistema operativo CP/M 2.2.

El verdadero punto fuerte del ordenador residía en su paquete de software preinstalado, valorado, en el momento de su salida al amercado, en más de 1500 dólares. El conjunto estaba formado por el procesador de textos WordStar, la hoja de cálculo SuperCalc, el gestor de correspondencia MailMerge y los lenguajes de programación Microsoft BASIC y CBASIC. Más tarde, se añadiría dBase II, que permitía trabajar con bases de datos.

En un solo dispositivo, por tanto, el usuario podía escribir documentos, llevar cuentas, gestionar contactos y programar. Esa fue la gran baza de Osborne: vender una máquina con la que se podía trabajar desde el primer momento.

El precio de la innovación

El Osborne 1 salió al mercado con un precio de 1795 dólares. En un contexto donde muchos ordenadores personales costaban más de 3000, la oferta resultaba atractiva. El cliente no solo adquiría la máquina, sino también un conjunto de programas que, por separado, costaban casi lo mismo que el propio hardware.

Esta estregia convirtió al Osborne 1 en un éxito inmediato. En cuestión de meses, las ventas llegaron a superar el millón de dólares al mes y, en 1982, la compañía alcanzó un volumen de negocio cercano a los 100 millones. Los pedidos llegaban desde todo el país y el nombre de Adam Osborne empezó a figurar junto al de otros pioneros de la informática como Bill Gates o Steve Jobs.

Osborne 1
Osborne 1. Fuente: Marcin Wichary/Wikimedia

Un ordenador pensado para profesionales

Los principales usuarios del Osborne 1 fueron periodistas, abogados, contables y consultores, es decir, profesionales que necesitaban trabajar en diferentes lugares y daban prioridad a la posibilidad de llevar consigo sus archivos. Un ejemplo célebre fue el del periodista David Kline, que utilizó el portátil en Afganistán para redactar crónicas desde las montañas. De este modo, demostró que el concepto de “oficina móvil” ya era una realidad. Para muchos, poder escribir un artículo en una habitación de hotel, llevar registros contables en un avión o preparar un informe en un juicio era una auténtica revolución.

La competencia no tardó en llegar

El rápido éxito del Osborne 1 generó una fuerte competencia. En 1982, aparecieron equipos como el Kaypro II, dotado de una pantalla más grande y disquetes de mayor capacidad. Poco después surgirían los compatibles con IBM PC, encabezados por el Compaq Portable, que ofrecían compatibilidad con una creciente funcionalidad empresarial. Frente a estas propuestas, el Osborne 1 quedó desfasado en cuestión de meses.

La compañía trató de reaccionar preparando modelos mejorados, como el Osborne Executive y el Osborne Vixen. Sin embargo, en lugar de mantener el secreto hasta el lanzamiento de estos nuevos productos, Adam Osborne cometió un error fatal.

Kaypro II
Kaypro II, uno de los competidores del Osborne 1. Fuente: Autopilot/Wikimedia

El “Efecto Osborne”

A comienzos de 1983, Adam Osborne anunció públicamente los futuros modelos que sustituirían al Osborne 1. Aunque la intención era mostrar el dinamismo de la empresa, el resultado fue catastrófico. Los clientes dejaron de comprar el modelo en curso a la espera del lanzamiento del siguiente, más moderno. En pocas semanas, las ventas se desplomaron y las tiendas se quedaron con inventarios sin salida.

Este fenómeno pasó a conocerse como el “Efecto Osborne”, un concepto que, desde entonces, se cita como advertencia en el mundo empresarial. El caso demuestra que anunciar demasiado pronto la futura salida de un producto puede condenar a los modelos que aún están en el mercado, incluso si todavía son rentables.

Esta maniobra fallida produjo una crisis financiera en la empresa que obligó a despedir a parte de la plantilla, cancelar la salida a bolsa y cerrar fábricas. En septiembre de 1983, apenas dos años después de su meteórico nacimiento, Osborne Computer Corporation se declaró en bancarrota.

Osborne 1
Osborne 1. Fuente: Tomislav Medak y Bill Bertram/Wikimedia

El legado del Osborne 1

Aunque su vida comercial fue breve, el Osborne 1 dejó una huella profunda. Demostró que existía una demanda real de ordenadores transportables, aunque no fueran tan ligeros como los modernos portátiles. Además, inauguró la práctica de ofrecer paquetes de software integrados que aseguraban la utilidad inmediata del producto.

Su historia también dejó una valiosa lección empresarial: la innovación debe gestionarse con prudencia para evitar que una comunicación precipitada pueda hundir los productos en el mercado. El Efecto Osborne aún hoy se estudia en escuelas de negocios como ejemplo de error estratégico.

Referencias

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