Los orígenes del faro, el invento que iluminó la navegación

Indispensables para que los barcos puedan guiarse al acercarse a tierra firme, hallamos los orígenes de estas edificaciones en Egipto.
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La navegación de cabotaje y la llegada a puerto no es tarea sencilla, sobre todo en la oscuridad de la noche o en medio de una tormenta. Por ello, desde el momento en que los seres humanos nos lanzamos a navegar por el mar, tuvimos que inventar formas de avisar a los barcos de que su llegada a puerto estaba próxima, y la más obvia era encender hogueras en las colinas adyacentes. ¿Y si no había elevaciones cerca? Colocaban esos fuegos sobre plataformas. De ahí a levantar edificaciones permanentes que alojaran esas hogueras solo había un paso.

Y lo dieron los alejandrinos cuando construyeron el primer sistema de alerta permanente de la historia en Faros, una pequeña isla situada frente a Canopo –ciudad portuaria del antiguo Egipto cuyo sobrenombre, Kah Nub, significa ‘suelo de oro’–. Erigido durante el reinado de Ptolomeo II hacia el siglo III a. C., no era muy diferente a nuestros faros actuales. De unos 100 metros de alto, todas las noches un vigilante se aseguraba de que el fuego se mantuviera encendido.

La utilidad de tales construcciones se extendió por todo el mundo y los romanos, conscientes de su valor, levantaron por la costa más de treinta faros, desde el mar Negro al océano Atlántico. De todos ellos, el más antiguo que se conserva es la Torre de Hércules, en La Coruña, del siglo I.

Los faros modernos empezaron a construirse a finales del siglo XVII. De todos ellos, el más importante -por lo complicado del lugar; su arrecife es uno de los más peligrosos del mundo para la navegación– fue el faro de Eddystone Rocks, en el canal de la Mancha, situado a 19 kilómetros del puerto de la bahía de Plymouth Sound, en Inglaterra, uno de los más importantes de Gran Bretaña.

Ilustración del el faro de Eddystone Rocks, 1865. Créditos: Hulton Archive - Hulton Archive

Henry Winstanley fue el encargado de levantarlo, y lo hizo en madera y con forma octogonal. Se convirtió en el primer faro erigido en alta mar. La construcción, que se inició en 1696, fue difícil y peligrosa, no solo por el hecho de hacerlo a 20 kilómetros de la costa, sino por la guerra con Francia (la de los Nueve Años): un corsario galo tomó prisionero a Winstanley y destruyó todo lo que había edificado. Sin embargo, Luis XIV ordenó su inmediata liberación: “Francia está en guerra con Inglaterra, no con la humanidad”, explicó el monarca galo.

Winstanley terminó su faro, que se encendió por primera vez el 14 de noviembre de 1698. La construcción sobrevivió a su primer invierno, aunque tuvieron que hacer reparaciones. Para protegerlo de los embates del mar, se revistió con un exterior de piedra dodecagonal y se mantuvo una sección superior en madera, que tenía 4,6 metros de alto y 3,4 m de diámetro. La luz la producían sesenta velas y una gran lámpara de aceite colgante. El faro avisó de los arrecifes a los marinos hasta la gran tormenta de 1703, ya que un ciclón extratropical que asoló el centro y sur de Inglaterra lo borró de la faz de la Tierra el 27 de noviembre. En ese momento Winstanley y otros cinco hombres estaban en el faro, revisándolo y poniéndolo a punto. No se volvió a saber de ellos.

Este artículo fue originalmente publicado en una edición impresa de Muy Interesante.

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