Es bien sabido que, durante el proceso de respiración, los animales —el ser humano incluido— obtienen oxígeno del ambiente y, a cambio, expulsan dióxido de carbono. Sabemos también que las plantas, en cambio, obtienen dióxido de carbono de la atmósfera y, mediante el proceso de fotosíntesis, capturan carbono y expulsan oxígeno. Parecería lógico entonces concluir que el oxígeno que respiramos ha sido producido por las plantas. Tanto es así, que las encuestas de la Fundación Española de Ciencia y Tecnología, sobre percepción social de la ciencia, cuando se trata de evaluar la cultura científica de la población, plantean el siguiente enunciado, para que sea respondido como verdadero o falso: El oxígeno que respiramos proviene de las plantas. La mayoría responde que el enunciado es verdadero, y el organismo da esa respuesta como correcta.
Pero en realidad, si echamos cuentas, de todo el oxígeno que respiramos, la parte proporcional generada por las plantas es ínfima. La mayor parte tiene un origen diferente.
El origen del oxígeno que respiramos
El oxígeno es fundamental para la vida tal como la conocemos, y comúnmente se asume que las plantas son las principales productoras de este gas vital. Sin embargo, esta percepción no es del todo precisa. Aunque las plantas contribuyen a la producción de oxígeno mediante la fotosíntesis, la realidad es que la mayor parte del oxígeno que respiramos proviene de otras fuentes.
¿De dónde proviene el oxígeno que respiramos?
La creencia popular sugiere que el oxígeno que llena nuestros pulmones es en su mayoría el resultado de la actividad fotosintética de las plantas terrestres. Sin embargo, al analizar la contribución de diferentes organismos, descubrimos que las plantas terrestres, incluidos los árboles, son responsables de una fracción sorprendentemente pequeña del oxígeno atmosférico. La mayor parte del oxígeno en la atmósfera es producido por microorganismos acuáticos, en particular las algas y cianobacterias, que realizan la fotosíntesis en los océanos. Estos organismos son los verdaderos protagonistas de la producción de oxígeno en el planeta.

Las cianobacterias, en particular, son increíblemente eficientes en la fotosíntesis. A diferencia de las plantas, donde solo ciertas partes realizan la fotosíntesis, cada célula de una cianobacteria es capaz de este proceso. Esto significa que, en términos de biomasa, estas bacterias producen significativamente más oxígeno que las plantas terrestres. Este fenómeno se traduce en que hasta un 85% del oxígeno liberado anualmente en la atmósfera proviene de organismos fotosintéticos acuáticos.
Curiosidades del oxígeno en la atmósfera
El oxígeno en la atmósfera no solo es vital para la respiración de seres vivos, sino que también ha jugado un papel crucial en la evolución de la vida en la Tierra. Hace aproximadamente 2.800 millones de años, los primeros microorganismos fotosintéticos comenzaron a liberar oxígeno, un evento que transformó radicalmente la composición de la atmósfera. Este oxígeno inicial se combinó con elementos en el océano y la corteza terrestre antes de acumularse en la atmósfera, un proceso que llevó millones de años.
La acumulación de oxígeno en la atmósfera permitió la formación de la capa de ozono, que protege a la Tierra de la radiación ultravioleta dañina. Este cambio atmosférico fue crucial para la evolución de formas de vida más complejas. Además, la concentración de oxígeno ha fluctuado a lo largo de la historia geológica, influenciada por eventos como la aparición de nuevas formas de vida y cambios climáticos.
Es interesante notar que el oxígeno que respiramos hoy es, en gran medida, un legado de microorganismos fotosintéticos prehistóricos. Aunque las plantas, algas y cianobacterias actuales continúan produciendo oxígeno, la gran reserva que existe en la atmósfera es el resultado de miles de millones de años de actividad fotosintética.
El rol de las plantas y otros organismos en la producción de oxígeno

Cómo producen oxígeno las plantas
Las plantas producen oxígeno a través de la fotosíntesis, un proceso que convierte dióxido de carbono y agua en glucosa y oxígeno, utilizando la energía de la luz solar. Este proceso ocurre principalmente en las hojas, donde se encuentran los cloroplastos, las estructuras celulares que contienen clorofila y son responsables de captar la luz solar. Durante la fotosíntesis, el Fotosistema II juega un papel crucial al dividir las moléculas de agua, liberando oxígeno como subproducto.
Sin embargo, es importante destacar que no todas las partes de una planta participan en la fotosíntesis. Las raíces, el tronco y otras estructuras no fotosintéticas consumen oxígeno en lugar de producirlo. Esto limita la cantidad neta de oxígeno que una planta puede aportar a la atmósfera. Además, las plantas solo producen oxígeno durante el día, cuando la luz solar está disponible, mientras que respiran tanto de día como de noche, consumiendo oxígeno en el proceso.
Las plantas herbáceas frente a los árboles en la generación de oxígeno
Cuando se compara la eficiencia en la producción de oxígeno, las plantas herbáceas superan a los árboles. Las plantas herbáceas, que incluyen hierbas y otras plantas de tallo blando, tienen una mayor proporción de su biomasa dedicada a la fotosíntesis. Esto se debe a que sus tallos y hojas, a menudo verdes y delgados, contienen clorofila y participan activamente en el proceso fotosintético.
En contraste, los árboles, aunque impresionantes en tamaño, tienen una gran parte de su biomasa compuesta por estructuras no fotosintéticas como troncos y ramas. Estas partes no solo no producen oxígeno, sino que también lo consumen durante la respiración. Además, los árboles tienen una tasa de crecimiento más lenta en comparación con las plantas herbáceas, lo que significa que su capacidad para captar dióxido de carbono y liberar oxígeno es menos dinámica.
Por lo tanto, aunque un solo árbol puede parecer más impresionante que una planta herbácea, cuando se considera la producción de oxígeno por unidad de biomasa, las plantas herbáceas son más eficientes. Esto resalta la importancia de preservar no solo los bosques, sino también otros ecosistemas donde predominan las plantas más pequeñas.
Las algas y cianobacterias: las verdaderas productoras de oxígeno
Las algas y cianobacterias son los verdaderos gigantes en la producción de oxígeno a nivel global. Estos organismos acuáticos realizan la fotosíntesis de manera extremadamente eficiente, y su capacidad para cubrir vastas áreas de los océanos les permite contribuir de manera significativa al oxígeno atmosférico. Las cianobacterias, en particular, son procariotas, lo que significa que carecen de núcleo celular y realizan la fotosíntesis en toda su estructura celular.
Entre las cianobacterias, el género Prochlorococcus destaca por su abundancia y eficiencia. Estas diminutas bacterias son responsables de aproximadamente el 20% del oxígeno que se libera a la atmósfera cada año. Su éxito se debe a su capacidad para prosperar en las vastas extensiones del océano, donde la luz solar penetra y permite la fotosíntesis.
El papel de estas algas y cianobacterias es crucial no solo para la producción de oxígeno, sino también para la regulación del dióxido de carbono en la atmósfera. Al absorber este gas durante la fotosíntesis, ayudan a mitigar el efecto invernadero y contribuyen al equilibrio climático del planeta. Por lo tanto, su conservación y estudio son esenciales para comprender y proteger los ciclos biogeoquímicos de la Tierra.
Fotosíntesis: El proceso detrás del oxígeno fotosintético

La importancia del Fotosistema II en la fotosíntesis
El Fotosistema II es una de las dos unidades funcionales de la fotosíntesis y desempeña un papel esencial en la producción de oxígeno. Se encuentra en las membranas de los tilacoides dentro de los cloroplastos y es responsable de la primera etapa de la fotosíntesis, donde la energía de la luz se utiliza para dividir las moléculas de agua. Este proceso libera oxígeno, protones y electrones, y es fundamental para el ciclo de energía en los ecosistemas.
La ruptura de las moléculas de agua en el Fotosistema II no ocurre de manera instantánea. Se lleva a cabo a través de una serie de reacciones químicas complejas que implican la transferencia de electrones. Este proceso es altamente eficiente y ha sido perfeccionado a lo largo de millones de años de evolución. La comprensión detallada de cómo funciona el Fotosistema II no solo es crucial para la biología, sino que también tiene implicaciones para la investigación en energías renovables, como el desarrollo de tecnologías de fotosíntesis artificial.
El estudio del Fotosistema II ha revelado que su capacidad para dividir el agua y liberar oxígeno es un proceso que ha sido conservado a lo largo de la evolución. Este mecanismo es una de las razones por las que la fotosíntesis es tan eficaz y ha permitido a las plantas colonizar una amplia variedad de ambientes en la Tierra.
Cómo se produce el oxígeno que respiramos
La producción de oxígeno en la fotosíntesis es un proceso fascinante que involucra la conversión de energía solar en energía química. Durante la fotosíntesis, las plantas, algas y cianobacterias capturan la luz solar mediante pigmentos como la clorofila. Esta energía se utiliza para dividir las moléculas de agua, liberando oxígeno en el proceso. Al mismo tiempo, el dióxido de carbono es fijado para producir glucosa, que sirve como fuente de energía para los organismos fotosintéticos.
El oxígeno liberado durante la fotosíntesis es un subproducto de la división del agua. Aunque este gas es esencial para la vida tal como la conocemos, su producción es solo una parte del complejo ciclo de la fotosíntesis. Los electrones liberados en el proceso son utilizados para generar ATP y NADPH, moléculas que almacenan energía y son fundamentales para la síntesis de glucosa en la segunda etapa de la fotosíntesis, conocida como el ciclo de Calvin.
La eficiencia de la fotosíntesis varía entre diferentes organismos y ambientes. Las plantas terrestres, por ejemplo, están limitadas por factores como la disponibilidad de agua y luz, mientras que las algas y cianobacterias en los océanos pueden aprovechar vastas extensiones de luz solar. Estas diferencias en eficiencia y capacidad de producción hacen que los organismos acuáticos sean los principales contribuyentes al oxígeno atmosférico.
El legado del oxígeno prehistórico en la atmósfera

La acumulación de oxígeno a lo largo de millones de años
El oxígeno que respiramos hoy es el resultado de un proceso acumulativo que comenzó hace miles de millones de años. Durante el Gran Evento de Oxidación, hace aproximadamente 2.400 millones de años, los primeros microorganismos fotosintéticos comenzaron a liberar oxígeno en grandes cantidades. Este oxígeno inicialmente se combinó con minerales en la corteza terrestre y se disolvió en los océanos antes de acumularse en la atmósfera.
Con el tiempo, la acumulación de oxígeno en la atmósfera permitió el desarrollo de la capa de ozono, que protege la Tierra de la radiación ultravioleta. Este cambio atmosférico fue crucial para la evolución de organismos más complejos, ya que permitió la colonización de ambientes terrestres y la diversificación de la vida. Desde entonces, la concentración de oxígeno ha fluctuado debido a cambios en la actividad biológica y eventos geológicos.
El equilibrio actual de oxígeno en la atmósfera es el resultado de estos procesos antiguos. Aunque las plantas, algas y cianobacterias actuales continúan produciendo oxígeno, la gran reserva que existe en la atmósfera es un legado de microorganismos fotosintéticos prehistóricos. Este oxígeno prehistórico ha sido esencial para la evolución de la vida y sigue siendo fundamental para la existencia de organismos aeróbicos.
Microorganismos fotosintéticos prehistóricos y su impacto actual
Los microorganismos fotosintéticos prehistóricos, como las cianobacterias, han tenido un impacto duradero en la composición de la atmósfera y en la evolución de la vida en la Tierra. Estos organismos fueron los primeros en desarrollar la capacidad de realizar la fotosíntesis oxigénica, un proceso que libera oxígeno como subproducto. Su actividad fotosintética transformó radicalmente el entorno planetario, permitiendo la aparición de organismos aeróbicos y la diversificación de formas de vida.
El legado de estos microorganismos se refleja en la atmósfera actual, que contiene un 21% de oxígeno. Esta concentración ha sido suficiente para sustentar la vida compleja y ha permitido la evolución de una amplia diversidad de organismos. Además, el oxígeno atmosférico ha jugado un papel crucial en la formación de la capa de ozono, que protege a la Tierra de la radiación ultravioleta.
Hoy en día, aunque las cianobacterias modernas continúan produciendo oxígeno, su impacto es complementario al de otros organismos fotosintéticos. Sin embargo, su papel histórico en la creación de un ambiente habitable para la vida compleja no puede ser subestimado. La investigación sobre estos microorganismos prehistóricos no solo nos ayuda a comprender el pasado de nuestro planeta, sino que también ofrece perspectivas sobre el futuro de la biosfera y la importancia de preservar los ecosistemas acuáticos.
Referencias:
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- Ting, C. S. et al. 2002. Cyanobacterial photosynthesis in the oceans: the origins and significance of divergent light-harvesting strategies. Trends in Microbiology, 10(3), 134-142. DOI: 10.1016/S0966-842X(02)02319-3