Hace apenas unas décadas, hablar del legado genético de los pueblos del pasado era poco más que una conjetura apoyada en textos históricos y restos arqueológicos. Hoy, gracias al desarrollo de tecnologías de secuenciación de ADN antiguo, es posible reconstruir con detalle los movimientos de poblaciones y sus mezclas a lo largo de los siglos. En un reciente trabajo publicado en Genome Biology, un equipo liderado por Gonzalo Oteo-García ha conseguido algo extraordinario: rastrear la desaparición de una huella genética clave en la historia de España.
El estudio se centra en la región oriental de la península ibérica, principalmente en Valencia y alrededores, y muestra que la expulsión de los moriscos a comienzos del siglo XVII no solo transformó el paisaje social y cultural, sino que también modificó radicalmente la composición genética de la población. A través del análisis de ADN de restos humanos que abarcan más de mil años de historia, los investigadores revelan cómo se consolidó una ascendencia norteafricana durante el periodo islámico... y cómo fue eliminada tras un episodio de limpieza étnica documentada.
Una investigación con huesos, historia y genética
El equipo analizó restos óseos de doce individuos enterrados en diferentes momentos, desde la época romana (siglo III d.C.) hasta el siglo XVII. Algunos fueron extraídos de cementerios islámicos rurales, otros de contextos cristianos urbanos. La clave estuvo en utilizar técnicas de ADN antiguo que permiten reconstruir fragmentos del genoma a partir de huesos y dientes, incluso cuando el material genético está muy degradado.
Los resultados revelan la presencia de ascendencia norteafricana ya en épocas anteriores a la conquista islámica, pero de forma puntual y no generalizada. Es con la llegada del Islam cuando se observa una consolidación de esa influencia genética. Y lo más llamativo: esa ascendencia persistió incluso después de la conquista cristiana, durante más de tres siglos, hasta que desaparece de forma abrupta en el siglo XVII.
Los investigadores lo explican diciendo que mostraron la persistencia de ascendencia norteafricana en un cementerio cristiano hasta el siglo XVII y señalan que esto "respalda la evidencia histórica de la expulsión de los moriscos" .

Moriscos: una herencia genética silenciada
A menudo se piensa que los cambios religiosos o políticos modifican creencias y costumbres, pero no necesariamente la biología de una población. Este estudio demuestra lo contrario. La conversión forzosa de los musulmanes al cristianismo no bastó para borrar sus raíces. Según los análisis genéticos, los llamados moriscos—descendientes de musulmanes convertidos—conservaban una proporción significativa de herencia norteafricana.
En dos enterramientos cristianos de Valencia, datados entre los siglos XIV y XV, se detectó una proporción de ascendencia norteafricana “comparable a la observada en los individuos islámicos”. Esto sugiere una continuidad biológica más allá de los cambios políticos y religiosos. Pero tras el decreto de expulsión de 1609, la diversidad genética cambia de forma drástica.
Uno de los individuos analizados del siglo XVII, enterrado también en un contexto cristiano, “es el único en el que no se detecta ascendencia norteafricana”. Su perfil genético se alinea completamente con el de poblaciones modernas del norte de España . Es un dato que respalda la idea de que la expulsión no fue solo simbólica o cultural, sino que transformó de raíz la población local.

¿Por qué se expulsó a los moriscos?
Entre 1609 y 1613, el rey Felipe III ordenó la expulsión de unos 300.000 moriscos de los reinos de la monarquía hispánica. Esta medida constituyó el desenlace de más de un siglo de intentos fallidos de asimilación forzosa de la población musulmana tras la Reconquista.
Descendientes de los musulmanes de al-Ándalus, los moriscos habían sido convertidos al cristianismo tras la caída del reino nazarí de Granada en 1492. Aunque, en un principio, se les garantizó la libertad de practicar su religión y costumbres, estas promesas se revocaron rápidamente, y las autoridades eclesiásticas presionaron para eliminar cualquier vestigio de la cultura islámica.
La decisión de expulsarlos estuvo motivada por el temor a que constituyeran una "quinta columna" capaz de facilitar los planes de los enemigos externos, como el Imperio Otomano, los piratas berberiscos y ciertos nobles hugonotes del sur de Francia. Las consecuencias de la expulsión fueron significativas, especialmente en regiones donde los moriscos representaban una parte sustancial de la población y la fuerza laboral. En el Reino de Valencia, por ejemplo, la pérdida de un tercio de sus habitantes provocó un fuerte impacto económico y social. La agricultura y otros sectores productivos se vieron especialmente afectados por la repentina escasez de mano de obra.
La historia oculta en un hueso y una cadena
Uno de los hallazgos más inquietantes del estudio es el caso de un hombre enterrado con una cadena de hierro en la pierna. El individuo, del siglo XVI, tenía un perfil genético coincidente con poblaciones bereberes actuales, y su tumba estaba en un cementerio cristiano. Todo indica que fue un esclavo de origen norteafricano. La historia genética de esta persona concreta se convierte así en evidencia directa de los sistemas de esclavitud practicados en la península durante el periodo posterior a la Reconquista.
Este caso refuerza una hipótesis planteada en la investigación: que muchas de las personas de ascendencia norteafricana permanecieron en España como esclavas o miembros de comunidades marginalizadas, incluso después de la caída de Al-Ándalus. La presencia continuada de esos linajes, incluso en cementerios cristianos, muestra que el mestizaje fue más profundo de lo que a menudo se reconoce.

De Valencia a América: la herencia que cruzó el océano
Un dato poco conocido que destaca el estudio es la conexión entre la huella genética norteafricana y América Latina. Aunque los moriscos fueron prohibidos formalmente de emigrar al Nuevo Mundo, la ascendencia norteafricana aparece con relativa frecuencia en la población actual de países sudamericanos. Esto lleva a los autores a plantear una hipótesis potente: que parte de esa herencia fue llevada por los colonos antes de la expulsión.
“La alta proporción de ascendencia norteafricana en América del Sur sugiere que los primeros inmigrantes españoles llevaban niveles más altos de esta herencia que los actuales”, escriben los autores del estudio . Así, el legado morisco no solo sobrevivió en secreto durante siglos en España, sino que viajó más allá del Atlántico, insertándose en la diversidad genética del continente americano.
Reconstruir lo que se quiso borrar
Uno de los grandes méritos de esta investigación es demostrar que la genética puede arrojar luz sobre capítulos borrados o tergiversados de la historia. La expulsión de los moriscos fue un acto de violencia institucionalizada con consecuencias que perduran hasta hoy, no solo en el patrimonio cultural, sino también en la biología de los pueblos.
Al estudiar genomas antiguos de forma sistemática y rigurosa, este equipo ha conseguido documentar algo que los registros escritos a veces ocultan: una ruptura demográfica profunda, equivalente a una limpieza étnica, que eliminó siglos de herencia compartida entre Europa y el norte de África. Y lo han hecho sin recurrir a dramatismos innecesarios, sino dejando que los datos hablen.
Como concluyen los investigadores: “Observamos que la población rural islámica no era genéticamente distinta a los cristianos urbanos de época tardía. En cambio, hallamos pruebas de un cambio genético posterior, vinculado directamente con la expulsión de los moriscos” . La historia que guardaban esos huesos ya no puede ser silenciada.
Referencias
- Gonzalo Oteo-García, Marina Silva, M. George B. Foody, Bobby Yau, Alessandro Fichera, Llorenç Alapont, Pierre Justeau, Simão Rodrigues, Rita Monteiro, Francesca Gandini, María Luisa Rovira Gomar, Albert Ribera i Lacomba, Josep Pascual Beneyto, Valeria Mattiangeli, Daniel G. Bradley, Ceiridwen J. Edwards, Maria Pala y Martin B. Richards. Medieval genomes from eastern Iberia illuminate the role of Morisco mass deportations in dismantling a long-standing genetic bridge with North Africa. Genome Biology (2025) 26:108. https://doi.org/10.1186/s13059-025-03570-1.