Así funcionaba el cuerpo de élite que protegió a los reyes persas durante siglos: entrenamiento, armas y leyenda

Una unidad de élite con 10.000 soldados invariables, entrenados para aterrorizar antes de luchar, dominó Asia durante siglos.
Los Inmortales del Imperio persa
Los Inmortales del Imperio persa. Foto: Istock/Christian Pérez

En el libro Grandes guerreros y ejércitos de la historia, publicado por Pinolia, Javier Ramos recorre más de 5.000 años de evolución militar, desde los primeros grupos tribales organizados hasta las sofisticadas fuerzas especiales contemporáneas. Entre todos los cuerpos bélicos que analiza, uno destaca no solo por su potencia militar sino por su mística: los Inmortales persas. Esta legendaria unidad del Imperio aqueménida no solo fue un ejemplo de organización táctica, sino también un prodigio de propaganda y control psicológico sobre el enemigo. ¿Qué sabemos realmente sobre ellos? ¿Y cómo lograron influir en la historia militar durante siglos?

Diez mil guerreros, ni uno más, ni uno menos

Uno de los aspectos más impactantes de los Inmortales era su número: siempre eran exactamente 10.000. No importa cuántos murieran, enfermaran o quedaran heridos en batalla; su estructura se mantenía intacta gracias a una eficaz red de reemplazos inmediata. Este detalle, que parece anecdótico, fue en realidad una de sus mayores armas. El enemigo nunca veía caer a los Inmortales. Ni cuerpos, ni vacíos en las filas. Esa imagen proyectaba la idea de que estaban enfrentándose a un ejército invencible, casi sobrenatural.

El término "Inmortales", como ha llegado hasta nosotros, proviene principalmente de las fuentes griegas, en especial de Heródoto. Pero más allá de la nomenclatura, lo cierto es que este cuerpo formaba el núcleo más respetado y temido del ejército persa durante los siglos VI al IV a. C. Se trataba de soldados entrenados desde la infancia, provenientes de familias nobles o con recursos, que accedían a un nivel de privilegio y profesionalización sin precedentes en su época.

Los Inmortales fueron una unidad de infantería pesada del antiguo Imperio persa cuya fuerza y disciplina jugaron un papel clave en las campañas de expansión del Imperio aqueménida
Los Inmortales fueron una unidad de infantería pesada del antiguo Imperio persa cuya fuerza y disciplina jugaron un papel clave en las campañas de expansión del Imperio aqueménida. Foto: Wikimedia/Christian Pérez (composición)

Estrategia, presencia y control psicológico

Lo que hacía tan poderosos a los Inmortales no era únicamente su número, sino cómo usaban ese número como arma psicológica. En una época en la que el combate cuerpo a cuerpo era la norma, y el miedo podía decidir el desenlace de una batalla incluso antes del primer choque de espadas, los persas entendieron perfectamente el valor de la puesta en escena.

Los Inmortales marchaban con uniformes idénticos, armamento brillante y una disciplina impecable. Su formación avanzaba como una marea uniforme y silenciosa. En muchas ocasiones, esa sola imagen bastaba para que ciudades enteras se rindieran sin presentar combate. No se trataba de superstición, sino de inteligencia militar. En batallas clave como las de Egipto o Asia Menor, sus movimientos eran diseñados para minar la moral del enemigo antes del primer contacto.

En otras ocasiones, utilizaron tácticas que hoy calificaríamos de guerra psicológica. Un ejemplo famoso es su actuación contra los egipcios, conocidos por su devoción a los gatos. Los persas, conscientes de ello, utilizaron imágenes de gatos en sus escudos e incluso soltaron felinos en el campo de batalla para desestabilizar a sus adversarios. El resultado fue una rendición masiva sin apenas lucha.

Un arsenal adaptado al simbolismo

A diferencia de otros ejércitos que basaban su fuerza en la brutalidad o el peso del armamento, los Inmortales apostaban por armas ligeras, versátiles y simbólicas. Cada soldado iba armado con una lanza corta, una espada y un arco. Sus escudos eran de mimbre recubiertos de cuero, más ligeros pero menos resistentes que los de bronce o hierro. A cambio, ganaban movilidad y velocidad, sobre todo en las unidades de caballería.

La lanza era el arma central, y su empuñadura escondía un detalle revelador: los altos mandos portaban lanzas con remates dorados en forma de manzana, símbolo de su rango y estatus. Esta elite de los Inmortales era conocida como los “portadores de manzanas”, encargados de proteger directamente al emperador. Su presencia en batalla funcionaba como una declaración visual de jerarquía, disciplina y poder absoluto.

La vida de un Inmortal no era fácil, pero sí prestigiosa. Su formación comenzaba en la infancia, con entrenamientos en arquería, equitación, caza y supervivencia. En sus tiempos de descanso, se les conocía por cazar animales salvajes, como leones o leopardos, no solo por deporte, sino como forma de mantener sus habilidades afiladas.

A diferencia de otros soldados de leva, los Inmortales eran parte de la aristocracia persa. Durante sus campañas, viajaban acompañados por un completo tren logístico que incluía sirvientes, cocineros e incluso concubinas. Vivían mejor que muchos ciudadanos en sus propias tierras, lo cual reforzaba el atractivo de formar parte de esta unidad. En cierto modo, eran una clase dentro del ejército, un símbolo de la estructura vertical del imperio.

Termópilas: la batalla que rompió el mito

A pesar de su fama de invencibles, los Inmortales no estaban exentos de derrotas. La más célebre fue en el paso de las Termópilas, en el año 480 a. C. Allí, un pequeño contingente de espartanos liderados por el rey Leónidas resistió durante días el avance del enorme ejército de Jerjes, que incluía a los Inmortales.

Cuando las primeras oleadas fueron rechazadas, Jerjes envió a su cuerpo de élite esperando un desenlace rápido. Pero la férrea disciplina espartana, su armamento superior y la ventaja del terreno impidieron que los Inmortales cumplieran su cometido. Aunque finalmente los persas avanzaron gracias a una traición, la batalla dañó la imagen de invulnerabilidad que habían cultivado durante décadas.

El fin de una era… y su legado eterno

Los Inmortales siguieron combatiendo en las décadas posteriores bajo los reinados de Cambises, Darío y Jerjes, hasta el colapso del Imperio aqueménida frente a Alejandro Magno. En la batalla de Gaugamela (331 a. C.), su derrota marcó el fin de una época. Pero su leyenda no murió allí.

Alejandro, fascinado por el modelo persa, adoptó parte de su estructura militar y mantuvo un cuerpo de élite persa a su servicio. Incluso siglos después, otros imperios como el sasánida recuperarían el concepto de un ejército “inmortal”, con soldados escogidos por su valentía, apariencia y lealtad al trono.

Conociendo más sobre Grandes guerreros y ejércitos de la historia

En Grandes guerreros y ejércitos de la historia, publicado recientemente por Pinolia, Javier Ramos nos ofrece un recorrido vibrante y documentado por las fuerzas militares más emblemáticas del pasado. El libro destaca por combinar rigor histórico con una narrativa cercana, sin perder de vista el factor humano que se esconde tras los grandes nombres y batallas.

Más que un catálogo de ejércitos, la obra plantea preguntas que resuenan a lo largo del tiempo: ¿qué hace que un ejército sea temido? ¿Qué papel juegan el honor, la disciplina o el terror psicológico en la guerra? Desde los medjay egipcios hasta los Navy SEAL modernos, Ramos traza un puente entre épocas, mostrando que el arte de la guerra siempre ha sido reflejo de la sociedad que la practica.

Con especial atención a los grandes estrategas —de Aníbal a Alejandro Magno, de Napoleón al Gran Capitán—, este libro es ideal tanto para aficionados a la historia militar como para quienes quieran entender cómo los ejércitos han moldeado la historia de la humanidad. La sección dedicada a los Inmortales es especialmente recomendable para quienes deseen profundizar en este fascinante cuerpo de élite.

Grandes guerreros y ejércitos de la historia

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  • Javier Ramos
  • Christian Pérez