¿Cómo era y dónde se encuentra el legendario Tesoro de Moctezuma?

La historia de la conquista de América es también una historia de búsqueda y expolio de riquezas: eso fue lo que llevó a muchos de los conquistadores a aventurarse en el Nuevo Mundo. Uno de los bienes más codiciados fue el gran tesoro de los mexicas. ¿De qué piezas estaba formado? ¿Dónde y cuándo se perdió? ¿Consiguió recuperarse alguna vez para el Imperio español?
Tesoro de Moctezuma. Foto: Shutterstock. - Tesoro de Moctezuma

El Imperio azteca era rico y de grandes dimensiones. Lo habitaban quince millones de personas que eran dirigidas con mano firme desde la ciudad de Tenochtitlán. El Imperio se encontraba todavía en su momento de mayor esplendor y expansión al inicio del reinado de Moctezuma II, que consiguió acumular grandes riquezas gracias a la recaudación de tributos, el comercio de los pochtecas y el sometimiento de pueblos próximos, como los del centro y el Golfo de México.

Moctezuma había logrado así llenar las arcas del Imperio, pero, en la misma medida, generar odio en los pueblos expoliados. Aunque algunos historiadores lo definen como un buen militar y estratega, no supo calibrar el peligro larvado de tener enfrente a tantos súbditos forzosos.

Retrato de Moctezuma II
Retrato de Moctezuma II. Foto: Carlos Aguilera.

Además, las crónicas cuentan que el huey tlatoani hacía ostentación de su riqueza y vivía rodeado de lujos que no pasaban inadvertidos a su pueblo. Y tampoco a los conquistadores de la vieja Europa, como Cortés.

El encuentro con Cortés

El 8 de noviembre de 1519 se produjo el primer encuentro entre Moctezuma II y Hernán Cortés. El conquistador extremeño quedó extasiado ante el lujo que presenció y así lo relató en su Segunda Carta de Relación, en la que contaba a Carlos V y a su madre, la reina Juana, cómo discurría su estancia en las nuevas tierras.

Cortés se presentó ante Moctezuma como emisario del emperador español, y con el mérito de haber sometido por el camino a muchos de sus vasallos. En efecto, mientras avanzaba hacia Tenochtitlán, había logrado el apoyo de los totonacas y los tlaxcaltecas, consiguiendo con ello hombres para su ejército y riquezas que se unirían a lo que luego fue bautizado por la historiografía como el tesoro de Moctezuma. La fuerte y atractiva personalidad del extremeño hizo el resto, y Moctezuma lo acogió, lo mismo que a sus hombres, en el fastuoso Palacio de Axayácatl, que había pertenecido a su padre, así llamado.

lustración del encuentro entre Hernán Cortés y Moctezuma
Ilustración del encuentro entre Hernán Cortés y Moctezuma, en el que dio cuenta de los lujos del tlatoani azteca. Foto: Getty.

Pero, antes de ese encuentro, Hernán Cortés se aseguró el apoyo de Carlos V a la expedición enviándole el Quinto Real. Se trataba de una parte (un quinto) de las riquezas de las nuevas tierras, representativa de las que esperaban hallar en los dominios del emperador azteca.

Entre las piezas enviadas a España figuraban dos ruedas de oro y plata, collares de esmeraldas y rubíes, pieles de animales, zapatos cosidos con hilo de oro, plata y perlas, plumajes de aves, estatuillas de oro, vestidos y ornamentos... Del Quinto, que llegó con éxito hasta el monarca español, hablan algunas personalidades de la época, como el pintor alemán Alberto Durero: “He visto las cosas que le han traído al rey de la nueva tierra del oro: un sol todo de oro de una braza de ancho, y también una luna de plata del mismo tamaño, también dos estancias llenas de armaduras y la gente que en ellas había con toda suerte de maravillosas armas, arreos, dardos, magníficos escudos, extraordinarios ropajes, camas y toda clase de cosas fantásticas para uso humano más dignas de verse que prodigios”.

Ritual dorado del pueblo muisca
La codicia por los metales preciosos del Nuevo Mundo dio lugar a mitos como el de El Dorado, basado en un ritual del pueblo muisca en la laguna de Guatavita (actual Colombia) en el que el cacique era recubierto enteramente de polvo de oro (arriba, una ilustración). Foto: AGE.

Tras una puerta tapiada

Así pues, Hernán Cortés y sus hombres ya estaban dentro del Palacio de Axayácatl y el conquistador español iba adquiriendo cada vez más influencia sobre el emperador azteca. Para acabar con el culto que profesaban los lugareños a distintos ídolos, el extremeño le pidió a Moctezuma levantar un altar cristiano en el Templo Mayor de Tenochtitlán. El azteca se negó, pero sí les permitió hacerlo en el propio palacio en el que vivían.

Fue entonces cuando, buscando el lugar para emplazarlo, Alonso Yáñez, uno de los hombres de Cortés, descubrió una sospechosa puerta tapiada, de lo que dio aviso enseguida a dos de sus compañeros que, a su vez, lo comunicaron al propio conquistador extremeño. Tras esa puerta, los hombres de Hernán Cortés hallaron algo muy parecido a una sala secreta llena de tesoros, según cuentan algunas crónicas.

Esta es la de Bernal Díaz del Castillo en Historia verdadera de la conquista de la Nueva España: “Dos de nuestros soldados, que uno de ellos era carpintero de lo blanco, que se decía Alonso Yáñez, vio en una pared una como señal de que había sido puerta, y cuando fue abierta, Cortés con ciertos capitanes entraron primero dentro, y vieron tanto número de joyas de oro e planchas, y tejuelos muchos, y piedras de chalchihuites y otras grandes riquezas, y luego lo supimos entre todos los demás capitanes y soldados, y lo entramos a ver”.

Bernal Díaz del Castillo
Tanto Bernal Díaz del Castillo (arriba, retrato) en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España como el propio Hernán Cortés en la Segunda Carta de Relación enviada a Carlos V dieron cuenta de las asombrosas riquezas que atesoraba el emperador azteca. Foto: Alamy.

Oro, plata, piedras preciosas, plumería, collares, alhajas, perlas, figuras de animales, escudos... Comenzaba así a tomar forma la leyenda del tesoro de Moctezuma, que en realidad no había reunido él sino su padre. Un tesoro que no tenía permitido tocar, sino solo aumentar.

Después del descubrimiento

Cuando los españoles hallaron el tesoro tras la puerta tapiada, comenzaron a buscar por otras estancias y a hacerse con todo lo que encontraron. Para ‘proteger’ esos bienes, decidieron tomar el mando y hacer prisionero a Moctezuma. El pueblo se rebeló ante el saqueo de los españoles, pero el propio emperador azteca fue obligado a acallar sus protestas declarándose vasallo de Carlos V y dispuesto a someterse al dominio de los conquistadores.

Colgante de oro y turquesa mixteca-azteca
Colgante de oro y turquesa mixteca-azteca del período posclásico, en forma de chimalli atravesado por flechas. Foto: AGE.

Los españoles ya planeaban la salida de la ciudad azteca con el tesoro, que habían valorado en 700.000 ducados (menos la quinta parte que correspondía al rey), cuando fueron avisados de que había orden de apresar a Hernán Cortés. Un ejército de mil cuatrocientos hombres llegado desde Cuba tenía la misión de capturarlo. El conquistador extremeño hubo de salir de la ciudad con un pequeño grupo de leales para enfrentarse a la armada enviada por el gobernador Diego Velázquez y liderada por Pánfilo de Narváez. A pesar de que eran menos en número, Cortés logró vencer a las tropas de Narváez y convenció a los que sobrevivieron para que se unieran a él.

Hasta su regreso, en Tenochtitlán había quedado Pedro de Alvarado al frente de los españoles. La situación en esos meses se había ido complicando cada vez más, pues los indígenas se habían revuelto frente a los excesos de los conquistadores y el secuestro de Moctezuma.

Todo dio un giro más dramático cuando Alvarado ordenó ir contra los convocados en el Templo Mayor, reunidos en la fiesta del Toxcátl. Hubo muchos muertos y la situación se volvió insostenible. Cortés tuvo que regresar apresuradamente, y pidió a Moctezuma que hablase a su pueblo para calmarlo. Pero la tensión era irreductible y, cuando Moctezuma se dirigía a la multitud, recibió una lluvia de piedras que lo hirió mortalmente, según las fuentes españolas. Tres días después fallecía y el pueblo se levantaba contra los españoles.

La pérdida del tesoro

La situación era tan extrema en Tenochtitlán, con el pueblo azteca en pie de guerra contra los hombres de Hernán Cortés, que este decidió huir de la ciudad el 30 de junio de 1520 amparado en la noche, según le aconsejaron sus capitanes. Salir así de la ciudad, empero, suponía tener que renunciar a la mayor parte del gran tesoro de Moctezuma, excepto a la fracción del mismo que pudieran llevar encima sus hombres en la huida. “Los soldados que quisieron sacar dello, desde aquí se lo doy, como se ha de quedar aquí perdido entre estos perros”, fueron sus hoscas palabras.

La Noche Triste
Tras la matanza de las élites aztecas y de ancianos, mujeres y niños ordenada y ejecutada por Alvarado en el Templo Mayor, era cuestión de tiempo que llegara la venganza contra los españoles, y llegó en la Noche Triste (xilografía coloreada, s. XIX). Foto: Álbum.

Así, muchos soldados españoles se hicieron con parte de aquella riqueza y se la llevaron a cuestas mientras abandonaban la ciudad en secreto en mitad de la noche, y se decidió también ‘salvar’ el oro que pertenecía por derecho a Carlos V. Siete caballos y una yegua fueron cargados con ese oro, que debían guardar Juan Velázquez de León y otros durante la escapada. Pero esta fue tan desastrosa que gran parte del botín acabó en tierra o en las aguas de la laguna.

Capturados tiempo después Cuauhtémoc y el señor de Tlacopán, ambos serían torturados quemándoles los pies con aceite hirviendo para intentar sonsacarles sobre el destino del tesoro perdido. Dijeron haber arrojado a la laguna todo lo dejado atrás por los españoles: oro, plata, joyas, artillería, armas... En el lugar indicado no se halló nada. Tras nuevas torturas, Cuauhtémoc señaló un emplazamiento distinto en la laguna, pero tampoco allí fue hallado el grueso del tesoro.

El suplicio de Cuauhtémoc
Bajo tortura acabaron confesando (o inventando) el emplazamiento del tesoro mexica perdido el último tlatoani, Cuauhtémoc, y el señor de Tlacopán, Tetlepanquetzaltzin (arriba, El suplicio de Cuauhtémoc, 1893, óleo de Leandro Izaguirre). Foto: ASC.

Nace la leyenda

Nacía así la leyenda del gran tesoro de Moctezuma. El pirata francés Jean Fleury o Juan Florín consiguió apresar dos de las tres embarcaciones que cargaban lo expoliado por los españoles en las cercanías de las Azores, lo que constituyó el primer asalto pirata de gran magnitud a una embarcación cargada con riquezas americanas y permitió que Francisco I, el monarca francés, se apoderara de la mayor parte del botín que correspondía a Carlos V. No obstante, este conseguiría, tras el atraque de la Santa María de la Rábida, nada menos que 16.250 pesos de oro fundido, rodelas de oro y 239 pesos de oro bajo.

Naves de Cortés rumbo a México
En este grabado anónimo de 1882, las naves de Cortés rumbo a México. A su vuelta fueron asaltadas por el corsario Fleury. Foto: Getty.

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