¿Telepatía en el teatro? Aunque parece ciencia ficción, un estudio revela cómo los cerebros del público se sincronizan durante funciones de danza

¿El arte en vivo nos conecta? Un experimento de University College de Londres —con danza contemporánea y electrodos— demuestra que nuestros cerebros se alinean cuando compartimos la experiencia.
Un experimento con EEG portátil revela que las ondas cerebrales del público se sincronizan durante espectáculos en vivo. Fuente: iStock / Pixabay (composición).

Al asistir a una función en vivo, muchos espectadores coinciden en algo: hay una energía compartida que no se experimenta al ver lo mismo desde una pantalla. Esa sensación ahora tiene un correlato medible en el cerebro. Un equipo liderado por investigadores de University College de Londres ha comprobado que los cerebros de los asistentes a una función de danza se sincronizan más intensamente cuando la experiencia es compartida en directo, en comparación con verla grabada o en solitario.

La sincronización cerebral se disparó durante las funciones en vivo, especialmente cuando los bailarines rompían la llamada “cuarta pared” y miraban directamente a los asistentes. En esos momentos, las ondas cerebrales de los espectadores, medidas en la banda delta (entre 1 y 4 Hz), se alineaban de forma notable. Esta frecuencia se ha relacionado previamente con la atención conjunta y el procesamiento emocional profundo.

El hallazgo sugiere que no solo nos sentimos más conectados en estos entornos: realmente lo estamos a nivel neuronal. Y esa conexión, medida con tecnología de electroencefalografía móvil, permite cuantificar de forma objetiva el grado de involucramiento emocional que sentimos al presenciar un evento artístico en colectivo.

Así se midió la danza en el cerebro

Para llegar a estas conclusiones, los científicos utilizaron una tecnología poco común en contextos artísticos: electrodos móviles que registran la actividad cerebral durante más de una hora. Lo aplicaron en tres funciones en vivo de una obra de danza contemporánea titulada Detective Work, interpretada en Londres por sus propios creadores.

"Queríamos explorar qué hace que la actuación en vivo se sienta tan diferente de ver una grabación", dijo el autor principal Guido Orgs, bailarín y neurocientífico del University College de Londres (UCL).

"La danza se sentía como el medio perfecto para investigar eso porque muy a menudo se experimenta en el momento, en un espacio compartido".

Más de 60 participantes fueron equipados con sensores para registrar la actividad cerebral mientras veían la obra, y luego compararon esos datos con los de otros voluntarios que vieron una grabación en un cine, en grupo o de forma aislada en un laboratorio. Las diferencias fueron claras: el nivel de sincronización entre cerebros —conocido como "interpersonal neural synchrony" o INS— fue mucho más alto cuando la experiencia era compartida y en directo.

Los investigadores no se limitaron a correlaciones generales. También relacionaron los picos de sincronización con momentos específicos de la obra, como el gesto de mirar directamente al público. Y encontraron que estos momentos no solo eran los más recordados, sino también los más emocionalmente impactantes.

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La actividad cerebral en la banda delta (1–4 Hz) se eleva cuando los bailarines miran directamente al público. Fuente: iScience.

El impacto de mirar a los ojos

Uno de los momentos que más activaron la sincronización cerebral fue una sección de la obra llamada Unison, en la que los bailarines mantenían contacto visual sostenido con el público. En ese instante, la alineación de las ondas cerebrales delta alcanzó su punto máximo. El simple acto de ser mirado cambió la actividad cerebral de los espectadores.

Esto coincide con lo que muchos artistas y actores han intuido desde siempre: la mirada directa crea un vínculo emocional. Pero ahora, por primera vez, ese efecto se ha documentado con mediciones objetivas, que mostraron que los cerebros de los asistentes reaccionan al unísono.

Curiosamente, este efecto también se observó —aunque en menor grado— cuando los mismos espectadores veían una grabación de esa interacción. Esto indica que incluso los elementos grabados pueden conservar algo del poder emocional del vivo, aunque la experiencia nunca es igual.

Cuando juntos es mejor: la dimensión social del arte

El estudio también evaluó cómo cambia la experiencia según se vea la danza solo o acompañado. Los resultados fueron contundentes: ver una función con otras personas eleva el nivel de atención, curiosidad y conexión emocional. Las respuestas a los cuestionarios post-evento mostraron que quienes asistieron en grupo se sintieron más implicados con los bailarines, más atentos a la obra y más estimulados sensorialmente.

Esto sugiere que no basta con el contenido de la obra; el contexto social transforma nuestra experiencia estética. La simple presencia de otros eleva nuestro nivel de alerta y nos hace procesar la información de forma distinta.

"La gente a menudo enfatiza lo personal y subjetivo que es el arte, y eso es absolutamente cierto con respecto a la interpretación. Pero cuando se trata de atención, descubrimos que la forma en que las personas interactúan con la actuación en vivo puede ser sorprendentemente predecible y medible", dijo Orgs.

Además, esta activación social no depende únicamente del directo. También se observó que ver la grabación en grupo (como en un cine) tenía un efecto intermedio entre la experiencia en vivo y la solitaria. Es decir, la dimensión colectiva del arte es tan importante como su contenido.

"Esencialmente, los artistas saben lo que están haciendo".

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Los artistas pudieron predecir con precisión los momentos más envolventes según el grado de sincronización cerebral. Fuente: iStock (composición).

Lo que los artistas sabían y la ciencia ahora demuestra

Uno de los hallazgos más interesantes del estudio fue la coincidencia entre lo que los artistas preveían como momentos “más intensos” de la obra y los que realmente provocaron mayor sincronización cerebral. El coreógrafo y el dramaturgo asignaron puntuaciones de predicción a lo largo de la obra. Luego, esas predicciones se compararon con la actividad cerebral y con las valoraciones reales de un nuevo grupo de espectadores.

Los momentos previstos como más cautivadores fueron, en efecto, los que generaron mayor sincronización neuronal. Esto confirma que la danza es una forma efectiva de comunicación no verbal, y que el mensaje artístico sí llega al espectador de manera coherente con la intención del intérprete.

Además, los investigadores comprobaron que los elementos más visuales, como la distancia entre los bailarines o su velocidad de movimiento, también influían en la atención del público, reforzando el papel del cuerpo como canal de comunicación emocional.

La danza, una práctica ancestral con ecos modernos

El estudio se enmarca en teorías evolutivas que ven el arte —especialmente la danza y la música— como rituales colectivos diseñados para fortalecer vínculos sociales. Las funciones en vivo no solo entretienen: nos sincronizan, nos unen, nos hacen sentir parte de algo mayor. Este trabajo aporta evidencia empírica de que las artes escénicas tienen un impacto profundo en la conexión humana.

"En nuestro estudio, fue la banda delta la que mejor capturó el compromiso compartido, lo cual es sorprendente", dijo Laura Rai, neurocientífica cognitiva de la UCL.

La sincronización cerebral registrada en las ondas delta se relaciona con procesos como la predicción temporal, la atención conjunta y el reconocimiento de patrones sociales. Elementos que, en conjunto, refuerzan la idea de que asistir a un evento artístico puede tener efectos positivos sobre la cohesión del grupo y la salud emocional.

"El hecho de que encontremos sincronía en la banda delta vincula la experiencia de la danza en vivo con la idea de que las artes escénicas son formas de arte social", dijo Orgs. "Son creados por artistas y una audiencia que están en el mismo espacio al mismo tiempo".

En tiempos en los que el consumo cultural se desplaza hacia lo individual y digital, este estudio recuerda la importancia del arte compartido. No solo para disfrutarlo más, sino porque nuestros cerebros literalmente necesitan de los otros para activarse a fondo.

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El análisis cerebral reveló que las ondas delta se sincronizan más entre los espectadores cuando la danza se experimenta en vivo. Este gráfico muestra cómo varía la sincronía neuronal en distintas frecuencias (delta, theta, alfa, beta) durante tres funciones en vivo y una visualización en laboratorio del mismo espectáculo. Las series temporales fueron suavizadas para reflejar patrones más claros de conexión cerebral colectiva. Fuente: iScience.

Un nuevo argumento para volver al teatro

El hallazgo de que la danza en vivo sincroniza cerebros podría tener aplicaciones más allá de lo estético. Desde terapias colectivas hasta estrategias educativas, comprender cómo se activa el cerebro en experiencias compartidas puede abrir nuevas puertas.

Los investigadores esperan que este tipo de estudios se extiendan a otros formatos artísticos y contextos sociales. Por ahora, han demostrado que ver danza en vivo no es solo una experiencia emocional: es una danza invisible que ocurre también dentro de nuestra cabeza, y que se multiplica cuando la vivimos junto a otros.

Referencias

  • Rai, L. A., Lee, H., Becke, E., Trenado, C., Abad-Hernando, S., Sperling, M., ... & Orgs, G. (2025). Delta-band audience brain synchrony tracks engagement with live and recorded dance. iScience. doi: 10.1016/j.isci.2025.112922

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