Entre aquellas jóvenes, todas nacidas en torno a la fecha del descubrimiento de América, había una, Malinalli Tenépatl, que destacaba, y el ojo sagaz de Bernal Díaz del Castillo así lo reconoció desde el primer momento. En palabras del propio cronista era una joven “de buen parescer, y entremetida, y desenvuelta”, que pronto llamó la atención de la tropa. Por similitud fónica con ‘Malinalli’, fue bautizada con el nombre cristiano de Marina.